Olor a libertad

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Su olor prohibido te daba la vida, días adolescentes de locura cuando nadie te podía comprender, en los que solo su complicidad te hacía sentir una persona plena. Momentos de confidencias a escondidas, susurros en la oscuridad, abrazando esa caricia infinita que te llevaba de la niñez al mundo de los adultos entre promesas y sueños de libertad…

Escapábais de las miradas acusadoras escondidos en cualquier rincón, evitando explicaciones porque nadie entendía vuestra relación, pero sabías que en realidad los demás envidiaban esos momentos que vestíais de traición…

El comienzo de la vida en común fue prometedor, una vez reconocidos y respetados por todos, nada se podía poner por delante, tú decidirías tu destino, seguro, implacable y exitoso. Invencible.

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Algo se torció en algún momento, las fuerzas comenzaron a fallar y el matrimonio ideal comenzó naufragar…te descubriste frágil. Cuanto más lo necesitabas más daño te hacía, y tú no comprendías el motivo… Los días tornaron de cuento de hadas a descenso a los infiernos, odiando su  presencia y sufriendo los segundos sin su compañía. Intentaste separar tu camino, pero te diste cuenta que no eras tan fuerte, sino más bien débil, y la dependencia tóxica resultaba cada vez más evidente…

Quizá lo supiste desde el primer momento, pero un día descubriste que ya habías dejado de luchar y, si bien no había acabado el sufrimiento, sí que comenzó a ser tristemente llevadero, porque habías comprendido que juntos caminabais prematuramente hasta el final de vuestros días…

Resultó que no fue un amor de juventud, sino una condena de vida. Una prisión en donde los barrotes no eran de acero, sino de humo; la bazofia que servían de rancho se llamaba nicotina y en la que no había permisos porque el juez implacable de la adicción no estaba dispuesto a consentirlo.

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Ahora es tarde, una mirada atrás basta para entender tu error, que se extendió como el veneno lo hace en un río para arruinar una vida llena de sueños y convertirla esclava de su mala elección y poca voluntad.

El tabaco no es una broma, los juegos no entienden de fuego, y la vida es algo maravilloso y efímero que no se debe intoxicar con el humo de los cigarros.

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